Basta asomarse a la trastienda de una carnicería de barrio un lunes por la mañana para entender cuánto depende el comercio chileno del frío. Ahí se guardan las medias reses que deben durar hasta el sábado, igual que en los packings de la zona central se acumulan pallets de cerezas a la espera del contenedor que las llevará a Asia.
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